Manifiesto

Mar España

Directora Plataforma Control Z

Desde el invento de la rueda a la llegada de internet, la tecnología ha permitido al ser humano ser más libre, ser más fuerte, relacionarse y progresar. En estos momentos, la tecnología está generando una disrupción nunca vista en la historia de la humanidad, a través de la IA generativa, internet de las cosas, la capacidad de computación, redes inteligentes, etc…

Sin embargo, el uso no responsable de la tecnología o el acceso prematuro a ésta, que se ha multiplicado en velocidad e impacto exponencialmente en nuestra sociedad, consigue, en muchas ocasiones, los efectos contrarios a su propósito inicial y puede convertir a las personas en más frágiles, más dependientes, más inseguras y más infelices.

Especialmente cuando ese uso de tecnología está conectada y llega a los más jóvenes y vulnerables, influyendo en lo que pensamos, decidimos y en nuestros comportamientos.

La tecnología presenta innumerables ventajas. Un smartphone (móvil con conexión a internet), permite el contacto con nuestros seres queridos o sirve para salvar la vida llamando a una ambulancia, por citar dos ejemplos. Pero también ha aparecido una dependencia del mismo que puede llegar a anular la iniciativa, la personalidad y limita las capacidades de las personas.

Además, la forma en que están diseñadas en buena medida las plataformas y redes sociales puede contribuir a manipular a la población en general mediante patrones adictivos y mecanismos de recompensa, modificando los patrones de comportamiento natural y afectando al neurodesarrollo y la salud y libertades de las personas.

Las plataformas han aprovechado esos elementos contribuyendo a generar un uso excesivo que les genera negocio, con evidentes impactos en la salud física y mental. Por ello, se debe fomentar un diseño adecuado de la tecnología por parte de la industria tecnológica y en especial, por parte de las plataformas.

Esos excesos, en muchas ocasiones, atentan además contra la privacidad, las libertades y la intimidad personal. Y también pueden llegar a modificar la percepción de la realidad y suponer una manipulación de la sociedad, a través de la captación de nuestra atención involuntaria por patrones oscuros y adictivos, sirviendo a intereses favorecidos además por la tremenda concentración de la industria tecnológica y, en especial, las plataformas digitales.

La PLATAFORMA Ctrl Z nace con la intención de concienciar y sensibilizar de los potenciales peligros de la industria de internet, especialmente en poblaciones más vulnerables como es la población infanto-juvenil en base al principio de precaución. Por otro lado, pretendemos agrupar, apoyar y visibilizar la imprescindible labor que muchas entidades y personas están realzando en este sentido la imprescindible labor que muchas entidades y personas están realizando en este sentido de acotar los efectos perjudiciales de la tecnología conectada y potenciar sus aspectos positivos, en base a las etapas del neurodesarrollo infantil y madurez cerebral y las recomendaciones de las sociedades médicas y de psicología competentes en este ámbito, que contribuyan a un progreso human, social, sicológica y medicamente sostenible, donde la persona sea la prioridad en el mundo digital..

La sociedad civil debe hacer presión para poner límites a la tecnología conectada para evitar el acceso prematuro, sobreexposición y abusos, al tiempo que se fomenta un uso adecuado y responsable de la misma mediante la divulgación y sensibilización a la población sobre sus efectos, así como la incorporación de diferentes dispositivos (especialmente el smartphone), a las edades indicadas por las sociedades médicas. Es el momento de poner a las personas en el centro y de construir una sociedad que priorice la esencia del ser humano, así como su identidad y privacidad mental.

Sólo desde esa conexión interna y con los valores sociales y democráticos de nuestro Estado de Derecho es posible una verdadera conexión con los demás y construir una sociedad ética, justa, respetuosa con los demás y con los derechos y libertades.

Especialmente, aunque no sólo, cuando esa persona está en fase de maduración, en su desarrollo cerebral y de la personalidad.

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Desde el invento de la rueda a la llegada de internet, la tecnología ha permitido al ser humano ser más libre, ser más fuerte, relacionarse y progresar. En estos momentos, la tecnología está generando una disrupción nunca vista en la historia de la humanidad, a través de la IA generativa, internet de las cosas, la capacidad de computación, redes inteligentes, etc…

Sin embargo, el uso no responsable de la tecnología o el acceso prematuro a ésta, que se ha multiplicado en velocidad e impacto exponencialmente en nuestra sociedad, consigue, en muchas ocasiones, los efectos contrarios a su propósito inicial y puede convertir a las personas en más frágiles, más dependientes, más inseguras y más infelices.

Especialmente cuando ese uso de tecnología está conectada y llega a los más jóvenes y vulnerables, influyendo en lo que pensamos, decidimos y en nuestros comportamientos.

La tecnología presenta innumerables ventajas. Un smartphone (móvil con conexión a internet), permite el contacto con nuestros seres queridos o sirve para salvar la vida llamando a una ambulancia, por citar dos ejemplos. Pero también ha aparecido una dependencia del mismo que puede llegar a anular la iniciativa, la personalidad y limita las capacidades de las personas.

Además, la forma en que están diseñadas en buena medida las plataformas y redes sociales puede contribuir a manipular a la población en general mediante patrones adictivos y mecanismos de recompensa, modificando los patrones de comportamiento natural y afectando al neurodesarrollo y la salud y libertades de las personas.

Las plataformas han aprovechado esos elementos contribuyendo a generar un uso excesivo que les genera negocio, con evidentes impactos en la salud física y mental. Por ello, se debe fomentar un diseño adecuado de la tecnología por parte de la industria tecnológica y en especial, por parte de las plataformas.

Esos excesos, en muchas ocasiones, atentan además contra la privacidad, las libertades y la intimidad personal. Y también pueden llegar a modificar la percepción de la realidad y suponer una manipulación de la sociedad, a través de la captación de nuestra atención involuntaria por patrones oscuros y adictivos, sirviendo a intereses favorecidos además por la tremenda concentración de la industria tecnológica y, en especial, las plataformas digitales.

La PLATAFORMA Ctrl Z nace con la intención de concienciar y sensibilizar de los potenciales peligros de la industria de internet, especialmente en poblaciones más vulnerables como es la población infanto-juvenil en base al principio de precaución. Por otro lado, pretendemos agrupar, apoyar y visibilizar la imprescindible labor que muchas entidades y personas están realzando en este sentido la imprescindible labor que muchas entidades y personas están realizando en este sentido de acotar los efectos perjudiciales de la tecnología conectada y potenciar sus aspectos positivos, en base a las etapas del neurodesarrollo infantil y madurez cerebral y las recomendaciones de las sociedades médicas y de psicología competentes en este ámbito, que contribuyan a un progreso human, social, sicológica y medicamente sostenible, donde la persona sea la prioridad en el mundo digital..

La sociedad civil debe hacer presión para poner límites a la tecnología conectada para evitar el acceso prematuro, sobreexposición y abusos, al tiempo que se fomenta un uso adecuado y responsable de la misma mediante la divulgación y sensibilización a la población sobre sus efectos, así como la incorporación de diferentes dispositivos (especialmente el smartphone), a las edades indicadas por las sociedades médicas. Es el momento de poner a las personas en el centro y de construir una sociedad que priorice la esencia del ser humano, así como su identidad y privacidad mental.

Sólo desde esa conexión interna y con los valores sociales y democráticos de nuestro Estado de Derecho es posible una verdadera conexión con los demás y construir una sociedad ética, justa, respetuosa con los demás y con los derechos y libertades.

Especialmente, aunque no sólo, cuando esa persona está en fase de maduración, en su desarrollo cerebral y de la personalidad.