AEPNYA

8 JULIO 2025

ABIGAIL HUERTAS (AEPNYA): “La sobreexposición a pantallas conectadas y redes aumenta el riesgo de depresión, ansiedad, alteraciones de comportamiento, dismorfia corporal, trastornos en el desarrollo del lenguaje e incluso conductas autolesivas”
La Asociación Española de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia (AEPNYA), en colaboración con otras entidades científicas nacionales y dentro de la Plataforma Control Z, lanza una llamada urgente a la responsabilidad colectiva ante el impacto creciente del entorno digital en la salud mental de la infancia y la adolescencia.
1.- DIAGNOSTICO Y DATOS
Los estudios más recientes, incluyendo grandes investigaciones longitudinales como el proyecto ABCD en EE.UU., demuestran asociaciones consistentes entre el uso excesivo y sin supervisión de pantallas y el aumento de síntomas depresivos, ansiedad, alteraciones del sueño, dismorfia corporal, problemas de atención, dificultades escolares y conductas autolesivas.
Sabemos hoy que no es solo una cuestión de cuánto tiempo pasan los menores frente a una pantalla. Importan el tipo de contenido, la edad de inicio, el contexto de uso y si hay o no acompañamiento adulto. Cuanto más precoz y más desregulado es el uso, mayores son los riesgos. Especialmente preocupante es el impacto sobre los más pequeños (menores de 6 años), en quienes se ha documentado una afectación en el desarrollo del lenguaje, la atención y las funciones ejecutivas.
Las redes sociales, por su parte, suponen un entorno especialmente sensible. Cuando se accede a ellas de forma temprana, sin preparación ni filtros, se incrementa la exposición a contenidos centrados en la apariencia física, comparaciones sociales constantes y dinámicas que afectan directamente al bienestar emocional. Esto es especialmente visible en chicas adolescentes, entre quienes se está observando un aumento preocupante de los trastornos de la conducta alimentaria y de las autolesiones.
2.- RECOMENDACIONES
Frente a esto, AEPNYA, en línea con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las sociedades científicas aquí presentes, propone medidas claras, proporcionadas y basadas en la mejor evidencia disponible:
- Evitar el uso de pantallas en menores de 2 años.
- Entre los 2 y 5 años, limitar el uso a menos de una hora diaria, con contenido educativo de calidad y siempre con acompañamiento adulto.
- A partir de los 6 años, establecer límites razonables adaptados a la edad, garantizando el sueño, el juego activo, las relaciones presenciales y el tiempo libre sin pantallas.
- Fomentar un uso progresivo y supervisado durante la etapa escolar, con tiempos y contenidos limitados, normas familiares claras y momentos libres de pantallas (como comidas, dormitorios y antes de dormir).
- Valorar posponer el acceso personal y autónomo a redes sociales hasta los 16 años, cuando ya existe una mayor madurez emocional y capacidad crítica. Esta recomendación responde a estudios que muestran mayor vulnerabilidad antes de esa edad, especialmente ante contenidos centrados en la apariencia o con carga emocional intensa. Si ya usan redes, acompañar, dialogar y supervisar con respeto, sin caer en el control punitivo, pero tampoco en la dejación.
- Diseñar planes digitales familiares personalizados, que incluyan momentos compartidos, acuerdos consensuados y revisión periódica del uso que hacen los menores.
- Exigir a las plataformas tecnológicas diseños más respetuosos con el desarrollo infantojuvenil, incluyendo algoritmos que no fomenten adicción ni sobreexposición.
- Promover la alfabetización mediática desde edades tempranas, ayudando a niños y niñas a familiarizarse con mundo digital con pensamiento crítico y herramientas de protección.
Estas propuestas no buscan prohibir la tecnología, sino integrarla con sentido común y rigor en la vida de niños y adolescentes. La solución no pasa por culpabilizar a las familias, sino por ofrecerles información útil, alternativas saludables y respaldo institucional. La regulación del entorno digital debe tener el mismo nivel de responsabilidad que otras políticas de salud pública. Regular no es prohibir: es proteger el desarrollo cerebral, emocional y social de las nuevas generaciones.
ABIGAIL HUERTAS PATON
MIEMBRO DE LA JUNTA DIRECTIVA DE AEPNYA
ESPECIALISTA EN DIAGNÓSTICO COMPLEJO DEL NEURODESARROLLO AUTORA DE LIBROS Y ARTICULOS DE DIVULGACION CIENTIFICA
